Artículo escrito en coautoría con David Arturo Recio e Ivonne Cárdenas.
Bogotá alcanzó en 2025 la cifra más alta de iniciación de vivienda desde que se tiene registro (2001). Según el más reciente censo de edificaciones publicado por el DANE, la ciudad inició 49.883 unidades residenciales, lo que representa un crecimiento anual del 11,3 % frente a 2024.
El dato no solo constituye un récord histórico; representa un punto de inflexión en la dinámica del sector constructor local. En un contexto nacional donde algunos mercados aún muestran señales de ajuste, la capital exhibe una recuperación sólida, particularmente en los indicadores líderes del segmento de vivienda de interés social (VIS).
La magnitud del resultado adquiere mayor relevancia cuando se observa su composición: el 61 % de las viviendas iniciadas corresponde al segmento VIS, que registró un crecimiento anual del 3,6 %. Por su parte, el segmento No VIS creció 26,3 %, reflejando un proceso de recuperación más pronunciado en vivienda de mayor valor, pero es la VIS la que explica estructuralmente el volumen del mercado.
Este desempeño se complementa con un aumento sustancial en lanzamientos y ventas en Bogotá. En el segmento VIS, los lanzamientos crecieron 61,6 % y las ventas 24,3 % frente a 2024, superando ampliamente los promedios nacionales y evidenciando una dinámica de mercado más robusta en la capital.
Pocas ciudades latinoamericanas han logrado sostener simultáneamente crecimiento en iniciaciones, ventas y lanzamientos durante un periodo de ajuste sectorial, lo que posiciona a Bogotá como uno de los mercados urbanos más resilientes de la región.
En términos sectoriales, la ciudad no solo acompaña la recuperación: la lidera.

Más de 26 mil subsidios: el soporte estructural de la demanda
El récord en iniciaciones no puede analizarse de manera aislada a la política pública implementada durante los últimos dos años. En ese periodo, la actual administración distrital ha asignado más de 26.000 subsidios de vivienda a través del plan Mi Casa en Bogotá, consolidando un esquema de apoyo a la demanda que ha reducido la incertidumbre de compra y facilitado el cierre financiero de miles de hogares.
En el mercado inmobiliario, la estabilidad de la demanda es determinante para la decisión de iniciar proyectos. Cuando los hogares cuentan con un subsidio que complementa su capacidad de crédito, el riesgo de desistimiento disminuye y la absorción comercial mejora. Esto genera un entorno de mayor confianza para desarrolladores y entidades financieras.
La correlación entre subsidios asignados y comportamiento de iniciaciones resulta consistente: el fortalecimiento de la demanda efectiva ha permitido sostener y ampliar la actividad constructora en la ciudad, contribuyendo a que 2025 marque un máximo histórico.
Desde la perspectiva económica, la política opera como un mecanismo contracíclico: en momentos de desaceleración sectorial, el subsidio público apalanca inversión privada, estabiliza el empleo y protege la cadena productiva asociada a la construcción.
Este efecto se observa en la coyuntura actual donde el aumento de un 23.7 % al salario mínimo generó una serie de retos a varias de las familias que estaban en trámite de compra de vivienda o adquisición de créditos inmobiliarios. Gracias a la presencia de los programas de subsidios contenidos en mi Casa En Bogotá estas familias reciben hoy un apoyo que ayuda a amortiguar estos efectos adversos en un promedio de $300.000.
Impacto en el empleo: un multiplicador tangible
El sector de la construcción es intensivo en mano de obra y genera encadenamientos con múltiples actividades productivas. En el caso de la vivienda de interés social, cada unidad iniciada genera en promedio 1,6 empleos directos.
Si se considera que el 61 % de las 49.883 viviendas iniciadas corresponde a VIS —aproximadamente 30.600 unidades—, el impacto potencial en empleo supera los 49.000 puestos de trabajo directos asociados a esta actividad.
Esta generación de empleo tiene efectos macroeconómicos inmediatos:
- Incrementa el ingreso disponible de los hogares vinculados al sector.
- Dinamiza el consumo interno.
- Fortalece la formalización laboral.
- Activa sectores conexos (34) como industria de materiales, transporte, servicios técnicos y comercio.
En otras palabras, el récord en iniciaciones no es únicamente una cifra sectorial: es un indicador de dinamismo económico urbano.
El crecimiento en lanzamientos (61,6 %) sugiere además que esta dinámica no es coyuntural, sino que existe una expectativa sostenida de mercado que permitirá mantener la actividad en los próximos ciclos.
Focalización y progresividad: vivienda como política social
El impacto económico del programa encuentra su complemento en su diseño distributivo. De los subsidios asignados en los últimos dos años, 6 de cada 10 han sido entregados a familias con ingresos equivalentes a 1,6 salarios mínimos.
Este nivel de focalización indica que el instrumento prioriza hogares con restricciones estructurales de acceso al crédito y limitada capacidad de ahorro. Desde el punto de vista de la política pública, se trata de un gasto altamente progresivo, pues concentra recursos en segmentos con mayor vulnerabilidad económica.
Adicionalmente, el 64 % de los subsidios han sido otorgados a mujeres, muchas de ellas cabeza de hogar. Este dato introduce una dimensión estratégica de equidad de género y fortalecimiento patrimonial femenino.
La evidencia internacional muestra que la propiedad formal en cabeza de mujeres se asocia con mayor estabilidad familiar, reducción de vulnerabilidad económica y mejores resultados en bienestar infantil. En este sentido, la política de vivienda no solo estimula la economía, sino que contribuye a modificar estructuras de desigualdad.
Vivienda formal y calidad de vida urbana
El acceso a vivienda formal tiene implicaciones que trascienden la dimensión económica inmediata. Significa acceso a servicios públicos domiciliarios, equipamientos urbanos, infraestructura vial y redes sociales consolidadas.
La vivienda formal reduce la exposición a riesgos ambientales y mejora las condiciones sanitarias. Asimismo, fortalece la seguridad jurídica sobre el patrimonio del hogar y permite la acumulación de capital intergeneracional.
Para hogares con ingresos cercanos a 1,6 salarios mínimos, la adquisición de vivienda propia representa un cambio estructural en su trayectoria socioeconómica. La transición del arriendo a la propiedad libera recursos, genera estabilidad residencial y consolida un activo patrimonial susceptible de valorización.
Desde la perspectiva urbana, el fortalecimiento del mercado VIS también contribuye a contener procesos de informalidad y ocupación en zonas de riesgo, favoreciendo un crecimiento más planificado y sostenible.
Un círculo virtuoso entre política pública y mercado
El comportamiento simultáneamente positivo de iniciaciones, lanzamientos y ventas evidencia un círculo virtuoso entre política pública y dinámica de mercado.
La asignación de más de 26.000 subsidios en dos años ha fortalecido la demanda efectiva; esta, a su vez, ha incentivado nuevos lanzamientos y aumentado las iniciaciones. El incremento en ventas valida la sostenibilidad de la dinámica.
El crecimiento del segmento No VIS (26,3 %) también puede interpretarse como un efecto indirecto de confianza. Un mercado VIS sólido reduce la percepción de riesgo general y mejora las expectativas del sector, atrayendo inversión en segmentos de mayor valor.
Bogotá, en este contexto, no solo registra cifras históricas; consolida un modelo de intervención que combina dinamización económica con inclusión social.
Un récord que trasciende la estadística
Las 49.883 viviendas iniciadas en 2025 constituyen la cifra más alta en más de dos décadas. Sin embargo, el verdadero significado del dato trasciende el récord estadístico.
El resultado sintetiza tres procesos convergentes:
- Reactivación del sector constructor.
- Generación masiva de empleo (más de 49.000 puestos asociados a VIS).
- Avances en movilidad social mediante subsidios focalizados en hogares de bajos ingresos y mujeres cabeza de hogar.
Con más de 26.000 subsidios asignados en dos años, el plan Mi Casa en Bogotá ha operado como un catalizador económico y como una política estructural de inclusión.
La evidencia sugiere que la vivienda social en Bogotá cumple una doble función estratégica: es motor de crecimiento y herramienta de equidad. Genera empleo, dinamiza la economía y, simultáneamente, construye patrimonio, estabilidad y oportunidades para miles de familias.
En una ciudad donde el acceso a vivienda formal ha sido históricamente un desafío, el récord anunciado por el DANE confirma que cuando la política pública se orienta a fortalecer la demanda social y la confianza sectorial, los resultados pueden ser históricos —no solo en cifras, sino en impacto real sobre la vida de las personas.
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