La presencia de Bogotá en el WUF13 no es la de una ciudad que viene a aprender el modelo. Es la de una ciudad que está construyendo uno.
Bakú, Azerbaiyán — World Urban Forum 20, mayo de 2026
El World Urban Forum no es un espacio de declaraciones de buenas intenciones. Es, en su mejor versión, un laboratorio de política pública donde las ciudades que han asumido riesgos reales traen sus aprendizajes reales. Bogotá llegó a Bakú con esa disposición: no a escuchar diagnósticos que ya conocemos, sino a contribuir, con evidencia, con datos, con programas en ejecución y sobre todo, con resultados medibles, a la construcción de una agenda urbana global más honesta y efectiva.
La vivienda en arriendo como asignatura pendiente de la política habitacional
La sesión What Works in Low-Income Rental Housing? A Global Peer-Learning Lab for Scalable Solutions, organizada por CAF y el Urban Housing Practitioners Hub, reunió a practicantes y tomadores de decisión de distintos continentes alrededor de una pregunta que rara vez se formula con tanta franqueza en los foros multilaterales: ¿por qué la arquitectura de política pública sigue siendo casi exclusivamente propietarista cuando el alquiler es ya la realidad habitacional dominante para las poblaciones de bajos ingresos en todo el mundo?
En ese contexto, Bogotá presentó dos programas propios que sitúan a la ciudad en la vanguardia regional: el programa de Arriendo Temporal y el programa Ahorro para mi Casa. No como soluciones acabadas, sino como evidencia de que es posible construir instrumentos mixtos (entre el mercado, el Estado y la comunidad) que respondan a la diversidad de situaciones de tenencia.
La perspectiva técnica que aportamos parte de una premisa que con frecuencia se pierde en el debate: la renta no es una fase de transición hacia la propiedad ni una modalidad de segunda categoría. Es una forma de tenencia legítima que ocupa un lugar específico dentro de un sistema habitacional continuo, que va desde el acceso al suelo hasta la propiedad consolidada. Comprenderlo así transforma radicalmente las preguntas de política que debemos hacernos.
Dos de esas preguntas las llevamos a la mesa: ¿cómo garantizamos la continuidad de los programas de renta más allá de los ciclos de gobierno? Y, ¿cómo articulamos instrumentos del nivel nacional con intervenciones del nivel local? Desde la Secretaría del Hábitat de Bogotá, estamos avanzando en una respuesta que va más allá de la asignación de subsidios: el desarrollo de esquemas de garantías colaterales que amplíen el alcance hacia hogares de ingresos medios, complementando los esquemas de subsidio directo que han sido clave para focalizar la población más vulnerable.
Paralelamente, estamos trabajando en la ampliación del stock de vivienda en alquiler en zonas céntricas y patrimoniales a través de mecanismos de adquisición de suelo, reúso de edificaciones existentes y la posibilidad de constituir un banco público de vivienda para renta social con esquemas de asociación público-privada para su administración. A esto se suma la exploración de incentivos tributarios y la venta de derechos de construcción para que el sector privado sea parte activa de esta transformación.
Uno de los debates más sustantivos de la sesión tuvo que ver con el reto metropolitano y transfronterizo que ninguna ciudad puede resolver sola: la respuesta habitacional para población migrante, en particular la proveniente de Venezuela. Esta realidad exige modelos de renta social de escala, capaces de operar con flexibilidad y sin excluir a quienes ya son parte del tejido urbano de Bogotá.
Los equipamientos públicos como detonadores, no como remates
La segunda sesión del día, Public Facilities as Enablers of Resilient, Sustainable and Adequate Housing for Urban Communities, organizada por la Universidad China de Hong Kong, situó a Bogotá nuevamente en el centro de la discusión, esta vez desde la experiencia acumulada en sus programas de mejoramiento de barrios y equipamientos comunitarios.
La tesis que presentamos contradice una lógica de planificación muy extendida: la de pensar los equipamientos públicos como el elemento que se añade al final, cuando ya hay vivienda y transporte. En Bogotá, los equipamientos son el punto de partida de la transformación territorial. Y lo son porque están anclados en cuatro principios que hemos validado en la práctica: conexión a sistemas de transporte, articulación con estrategias de revitalización urbana y mejoramiento de barrios, y localización estratégica como eje de la intervención habitacional.
Bajo esa lógica, el escalamiento del sistema de cuidado de la ciudad —las Manzanas del Cuidado— se articula directamente con el plan de vivienda Mi Casa en Bogotá y con los programas de recuperación del espacio público. Combinamos inversión en equipamientos con esquemas de alianza público-privada para su mantenimiento, coordinación interinstitucional para los espacios públicos, y una herramienta propia: un índice de priorización que orienta la inversión hacia donde el retorno social es mayor y permite medir sus resultados de manera sistemática.
Un principio que también pusimos sobre la mesa y que puede parecer obvio pero rara vez se operacionaliza: el diseño arquitectónico de calidad no es un lujo estético, es una condición de apropiación comunitaria. Los equipamientos que las comunidades sienten como suyos son los que perduran, los que se cuidan, los que generan identidad de barrio. Eso no se puede sustituir con metros cuadrados.
Lo que Bogotá trae al WUF13
Ninguno de los aportes que hicimos hoy en Bakú son propuestas teóricas. Son políticas en ejecución, con recursos asignados, con comunidades involucradas, con resultados verificables. En un foro donde abundan los marcos conceptuales y escasean los casos con evidencia, eso tiene un valor específico.
La presencia de Bogotá en el WUF13 no es la de una ciudad que viene a aprender el modelo. Es la de una ciudad que está construyendo uno, y que lo comparte con la convicción de que los problemas habitacionales del Sur Global no se resolverán con soluciones importadas, sino con la inteligencia colectiva de quienes los viven y los gestionan todos los días.
El viernes 22 de mayo, en la sesión central sobre Mi Casa en Bogotá, presentaremos junto a CAF, ONU-Hábitat, el Banco Mundial, el Ministerio de Vivienda de Panamá y la Caja de la Vivienda Popular los resultados de lo que ya está ocurriendo en nuestros barrios. Ese será el cierre de una participación con rigor, con datos, y con la voz de una ciudad que no vino a Bakú a observar, sino a incidir.
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